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4.feb.2014 / 12:37 pm / Haga un comentario

Caracas, 03 Feb. AVN.- Este martes se cumplen 22 años del 4 de Febrero de 1992, fecha cuando la juventud militar reavivó la avanzada popular que con indignación se manifestaba en contra de la crisis del sistema político, creando un vínculo que maduraría seis años después con la victoria electoral de 1998 que abrió paso a la Revolución Bolivariana.

Venezuela venía del Caracazo. El gobierno de Carlos Andrés Pérez (AD) enfrentaba un alto nivel de impopularidad, con una serie de paros y protestas que en total suman 546 entre aquel año y 1991, a la que se sumaron docentes, estudiantes, transportistas, empresas básicas, tribunales y médicos.

El gobierno adeco contaba con el apoyo esencial de Estados Unidos, bajo el tutelaje del republicano George Bush, promotor del neoliberalismo, esquema bajo el cual se programó la privatización de Cantv y la aerolínea Viasa. Para 1990 el precio del barril de petróleo había descendido de 20 a 16,60 dólares y la inflación alcanzó el índice de 40%.

La situación del país era paupérrima. Hay repuntes de paludismo y cólera. Servicios básicos como el agua potable se hacen cada vez más irregulares. Aunque el pueblo había enviado un claro mensaje en febrero de 1989, una clase política desgastada continuó empobreciendo al país como venía haciéndolo desde años atrás.

Un grupo de oficiales de la promoción Simón Bolívar (1975), ante la ya evidente descomposición del sistema político, abrevó del ideario emancipador y fundó el 24 de julio de 1983 el Movimiento Bolivariano Revolucionario 200.

El MBR-200, conformado por la juventud militar, oficiales superiores y subalternos, conocidos luego como los “comacates” (comandantes, mayores, capitanes y tenientes), estudiaron la tríada de Simón Bolívar, Simón Rodríguez y Ezequiel Zamora, de cuyos pensamientos retomaron el concepto de soberanía, pedagogía liberadora y defensa del pueblo.

En su primera etapa, desde 1983, con el estudio del Árbol de las tres raíces (Bolívar-Rodríguez-Zamora) cimentaron una definición organizativa y doctrinaria. Los sucesos del 27 de febrero de 1989 aceleraron su consolidación y entonces deciden preparar una rebelión militar para establecer un Gobierno de Emergencia Nacional que rescatara la dignidad del pueblo y restableciera al país del desprestigio del bipartidismo.

Las condiciones estaban dadas. Para noviembre de 1991 el escritor Arturo Uslar Pietri había alertado que la extrema situación de pobreza podría generar un golpe de Estado en el país, lo mismo expresó el periodista José Vicente Rangel. Dentro de la institución militar el MBR-200 operó con un alto nivel de prudencia y clandestinidad que pudo sobrellevar hasta el desenlace de los hechos.

Una delación anticipa la fecha de las acciones, previstas en la Operación Ezequiel Zamora, que tuvo que ser activada el 3 de febrero de 1992.

Operación Ezequiel Zamora

La Operación Ezequiel Zamora consistió en la toma de Caracas, Barquisimeto (Lara), Maracay (Aragua), Valencia (Carabobo) y Maracaibo (Zulia), las principales ciudades al norte de Venezuela. Los responsables fueron los tenientes coroneles Hugo Chávez, Francisco Arias Cárdenas, Jesús Urdaneta Hernández, Jesús Ortíz Contreras, Yoel Acosta Chirinos y Luis Pirela Moreno.

También los capitanes Darío Arteaga Páez, Luis Valderrama, Angel Godoy Chávez, Pedro Jiménez Giusti y Angel Martínez Alfonzo, junto a ellos otros oficiales que sumarían en total 133 rebeldes y más de 1.000 soldados.

La rebelión programó controlar las principales unidades militares y con ellas hacer un avance sobre Caracas desde Valencia y Maracay para conformar un comando conjunto coordinado en el Museo Histórico Militar, en La Planicie. La acción previó ocupar Fuerte Tiuna y el Palacio de Miraflores, mientras que en Zulia sería tomada Maracaibo y se avanzaría militarmente hacia Barquisimeto.

En Maracay el objetivo fue la Base Aérea Libertador, donde sería tomado un escuadrón Mirage, y serán movilizados los batallones de paracaidistas José Leonardo Chirino y García de La Serna hasta Caracas, al mando de Acosta Chirinos, para ocupar el aeropuerto de La Carlota.

Valencia prestaría apoyo a Caracas y Maracay con la Brigada Blindada Pedro León Torres, compuesta por tanques Escorpio, el Grupo de Artillería General Salom, la Compañía de honor 24 de Julio, y la Compañía de Comunicaciones.

Arias Cárdenas en Zulia tomará el control sobre el Grupo de Artillería Misilístico Monagas, para controlar a su vez el destacamento 35 de la Guardia Nacional, el Cuartel Libertador, el Cuartel de Patrulleros de la policía del estado, la sede de la Dirección de los Servicios de Inteligencia y Prevención (Disip), instalaciones petroleras, la residencia del gobernador y el puente sobre el lago.

En Caracas, neutralizarán el tránsito en Fuerte Tiuna con el Batallón de infantería Bolívar. El regimiento Agustín Codazzi tomaría la Comandancia General del Ejército, el Ministerio de la Defensa y los talleres de comunicación, por su parte, el Batallón de tanques Ayala, con las unidades Dragón 300, dará sitio a Miraflores.

Rebelión

En el libro 4F: la rebelión del sur, de José Sant Roz, se revela que un capitán allegado al director de la Academia Militar, general Manuel Delgado Gainza, en horas de la mañana del 3 de febrero delata al movimiento y este hecho desencadena las acciones para ese mismo día.

El presidente Pérez se encontraba en Davos, Suiza, asistiendo a una cumbre económica y a su regreso en Maiquetía (Vargas) fue informado por el ministro de la Defensa Fernando Ochoa Antich sobre una eventual rebelión militar. Pérez hizo caso omiso a la advertencia y fue a La Casona. Eran las 10:00 de la noche. Hora y media después una columna de tanques artillados subía por la avenida La Salle para dirigirse hacia la Andrés Bello, rumbo a San Bernardino.

En ese mismo momento, por Tazón, al sur de la ciudad, llegó el Batallón José Leonardo Chirino, con destino a La Carlota. Dos compañías se dirigieron a La Casona y Fuerte Tiuna, mientras que un pelotón se movilizó hacia Venezolana de Televisión, para tomar las instalaciones y transmitir la proclama de los rebeldes.

Fueron tomadas la estación del teleférico y la sede de la Policía Metropolitana en Caracas. Pérez se entera de la rebelión de un batallón en Fuerte Mara, Zulia y parte hacia Miraflores. Lo mismo haría una columna de 12 tanques Dragón 300 que salió de Fuerte Tiuna hacia la avenida Urdaneta. A las 12:00 de la noche ya estaban tomadas La Casona, la Comandancia del Ejército y La Carlota.

 

 

Martes 4 de febrero

Las unidades artilladas que transitaron la avenida Andrés Bello llegaron a la Comandancia General de la Armada, en la avenida Vollmer. En minutos comenzaron las ráfagas. Hacia el oeste, en Miraflores, Carlos Andrés Pérez logra ingresar al palacio acompañado por el ministro de Relaciones Interiores Virgilio Ávila Vivas, el jefe de la Casa Militar, vicealmirante Iván Carratú, sus edecanes y el adeco Luis Alfaro Ucero.

En su despacho, Pérez comenzó a oír las descargas de cuatro tanquetas que atacan el palacio y el regimiento Guardia de Honor. La imagen: un tanque tumba la reja, aplasta un vehículo y enfila hacia la oficina presidencial. Otro traspasa la defensa del Palacio Blanco y sube por las escaleras externas.

Otros dos tanques rompen las verjas de la prevención de Miraflores. Se ven decenas de soldados con boinas rojas que rompen la puerta dorada e ingresan a la antesala presidencial. Pérez lleva en las manos una ametralladora que no sabe usar y junto al jefe de la Casa Militar y el ministro Ávila Vivas corren por los pasillos, 45 minutos después toman un vehículo y huyen del palacio, donde dejan botado a Alfaro. En Fuerte Tiuna fueron detenidos 22 generales.

La acción también se da en Maracaibo, Valencia y Maracay. Arias Cárdenas al mando del Grupo de Artillería Misilística Monagas toma la casa del gobernador Oswaldo Álvarez Paz (Copei) y lo retiene en nombre de las fuerzas insurgentes, sin embargo, no avanza hacia Barquisimeto.

Cerca de las 12:30 de la noche un batallón con el comandante Hugo Chávez llega a Caracas para dirigirse a La Planicie, donde tomará el mando del 422 Batallón de paracaidistas y una compañía de infantería, para ubicarse a 1.500 metros sobre Miraflores.

Luego de la fuga, Pérez fue hacia Televen, a donde no llega por los ataques en la sede de la Disip de Los Chaguaramos. Junto a sus acompañantes evaden la zona y se presenta en Venevisión para dirigirse al país con un primer mensaje, cerca de la 1:30 de la mañana.

Por ahora

 El Teatro de Operaciones era controlado en La Planicie, donde se escuchaban las metrallas desde el palacio, lugar donde ya no se encontraba el presidente, quien se dirigió por segunda vez al país por el canal 4 y aún no conocía quién era el jefe de los insurrectos que mantenían el control sobre Maracay, Valencia, Maracaibo, Miraflores, Fuerte Tiuna, La Carlota, La Casona, La Planicie y parte de la parroquia 23 de Enero.

Pasaron las horas y hubo algunas comunicaciones entre el alto mando militar y Chávez. Incluso se manejó la amenaza de enviar a la infantería de Marina y realizar un bombardeo aéreo sobre La Planicie. El pueblo se encontraba en las adyacencias, en respaldo a la rebelión, al igual que los comandos cazadores y paracaidistas emplazados en la avenida Sucre y los alrededores del palacio.

Tanques y aviones comprometidos con los rebeldes no llegaron a Caracas, los talleres de comunicación de Fuerte Tiuna fueron intervenidos y el video que se lleva al canal 8 con la proclama no corresponde con el formato televisivo, razón por la que no se transmite. A las 4:00 de la mañana Carlos Andrés Pérez regresa al palacio para dirigirse nuevamente a la nación y confirmar que la situación estaba controlada por su gobierno.

Amanece. Sobre las 9:30 se resuelve, no una rendición, sino la transmisión del mando de tropas insurgentes con base en el ceremonial militar. Chávez se despidió de sus soldados en La Planicie, los Almacenes Militares y piquetes emplazados en la zona, para transmitir su decisión de retirada y ser escoltado hasta Fuerte Tiuna.

En el Ministerio de la Defensa estaba previsto que el comandante Chávez se comunicara a través del sistema de comunicaciones interno con las unidades aún insurgentes, pero periodistas y medios ya estaban en el lugar, razón por la cual el teniente coronel aparece en los medios y ante las cámaras, donde asume su responsabilidad y pronuncia el “Por ahora” que dividió la historia contemporánea de Venezuela. “Y yo ante el país y ante ustedes, asumo la responsabilidad de este movimiento militar bolivariano”, dijo Chávez.

Reorganización y victoria popular

El pueblo venezolano conoció por primera vez, en televisión, a su futuro líder. Más tarde le suspenderían sus garantías y en el extinto Congreso se daría un debate donde Rafael Caldera expresaba que es imposible pedirle a ese pueblo que “se inmole por la libertad y la democracia” cuando estas no son capaces de darle de comer.

“El 4F para nosotros fue muy importante porque era la esperanza. Hubo mucha esperanza, mucha alegría. Lo que veíamos en verdad era eso, estábamos todos porque se diera, que se acabara de dar esa coyuntura”, relató al colectivo La Célula, Carmen Acosta, habitante de Catia, reseña la Revista Memorias de Venezuela N°24, en febrero de 2012.

Los oficiales insurgentes fueron privados de libertad y en Yare continuaron trabajando en el proyecto político que años después convocaría a diversos sectores del país. El 26 de marzo de 1994 fueron sobreseídos de sus causas para ir “a las catacumbas del pueblo”,  como dijo el mismo Chávez, donde aglutinarían el respaldo popular que luego de unas elecciones lo llevaría al poder en otro febrero, el de 1999.

El 4F evidenció la falsa imagen del sistema político venezolano que se difundía en el extranjero y demostró el poco respaldo popular con el que contaban quienes entonces representaban a los restos del Pacto de Punto Fijo, quienes como futura oposición serían igualmente desplazados por sectores fascistas y liderazgos provenientes del poder económico.

Un mes después de la rebelión se celebraron los carnavales en el país y el pueblo no dejó de expresar de forma curiosa su alegría. En varias regiones se veían niños disfrazados con uniformes de campaña y boinas rojas, conocidos popularmente como los “chavecitos”. En las paredes de Caracas, con aerosol, comenzaban a escribirse las “pintadas” que expresaban el clamor popular que comenzó a tomar cuerpo como semilla de una democracia participativa y protagónica. Dondequiera podía leerse esta frase, que aún se escucha: “Viva Chávez”.

 

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