DEPORTES

25.sep.2012 / 10:08 am / Haga un comentario

—¿Qué es más duro: el mundo de la política o el del deporte de alta competencia?

—Sigo quedándome con el mundo deportivo. Es difícil comenzar una carrera política de la noche a la mañana, no tanto por el trabajo de base sino por los discursos, porque uno no lo maneja tan fluidamente como otros personajes de este campo. Cuando me dicen que me toca, en una sesión de la Cámara, defender un punto, siento el mismo cosquilleo, la misma angustia, los nervios que me atacan antes de una competencia. Además sé que todas las miradas están puestas en mí porque soy joven y atleta.

—¿Hay buenos esgrimistas en la bancada opositora o son puros espadachines majunches?

—Hasta ahora no me he topado con ninguno. Creo que en los temas relacionados con las políticas deportivas, la oposición es un rival flojo. Es como cuando te tocan los primeros combates de una ronda de pool (eliminatoria). No hay ninguno que sea duro.

—Hay un campo intermedio, entre la política nacional y el deporte, que es el del Comité Olímpico y las federaciones. Usted ha anunciado que aspira a dirigir la Federación de Esgrima, ¿está preparada para combatir con espadas filosas?

—Me he dado cuenta de que la pelea es durísima y no se refiere a intereses del deporte sino personales. Es triste constatar esa realidad, ver cómo hay gente que tiene un disfraz. Tendremos que dar esa pelea porque el objetivo es buscar el beneficio de los atletas y entrenadores, que son los obreros del deporte.

—Durante y después de los Juegos Olímpicos hubo un verdadero torneo de mezquindades por parte de la dirigencia y los medios opositores. ¿Cómo lo vivieron los atletas?

—Ya estamos acostumbrados. Como no tienen nada malo que decir de la gestión deportiva del Gobierno, tratan de atacarnos por nuestros resultados. Siempre están apostando para atrás, no se dan cuenta de que los atletas siempre vamos a dar el todo por el todo y con el sueño de ver la bandera de Venezuela en el podio. Es una triste realidad, pero ya estamos curados, aunque a lo mejor Rubén (Limardo, también esgrimista, ganador de oro olímpico), está viviendo por primera vez esa actitud tan detestable.

—Pero si analizamos objetivamente, tampoco puede decirse que los resultados fueron malos…

—No, al contrario, el resultado de los Juegos Olímpicos fue único y grandioso para nosotros, no sólo por la medalla de Rubén sino también por los diplomas en atletismo, natación y levantamiento de pesas. Eso es el producto de años de esfuerzo y de apoyo a los atletas de alta competencia.

—En su caso particular, algunos críticos dijeron que la incursión en la política afectó su preparación deportiva. ¿Qué dice?

—Por un momento fue un golpe psicológico. Fui muy atacada. Yo no esperaba ese ataque, fue un choque duro. Sentí que la gente que antes me quería, ahora me odiaba. Me afectó lo que escribían de mí en las redes y tuve que trabajar con uno de los mejores psicólogos deportivos del mundo. Aprendí a tomarme más ligerito esos comentarios destructivos. Me esforcé primero para Guadalajara (Juegos Panamericanos 2011) y luego para clasificarme a Londres. Después de la caída vino un reto. En Guadalajara yo sabía que iban a transmitir mis combates en vivo y me dije: “este es el momento para demostrar quién eres tú, Benítez” (ganó medalla de plata, en apretada final con la campeona olímpica estadounidense Mariel Zagunis).

—Parece que la gente no tolera que los deportistas se metan en la política…

—La gente tiene la extraña visión de que el deporte es apolítico. Por el contrario, es demasiado político. Para elegir la directiva de una federación lo que funciona es pura política y ni hablar del nivel olímpico. Yo he sido representante de los atletas en el Comité Olímpico Internacional y puedo decir que ahí hay más política que en mi país.

—¿Entre los deportistas de élite no hay debates políticos?

—Hay muchos que son activistas políticos calladitos, otros somos declarados, tanto de derecha como de izquierda, estemos claros en eso. Los que no quieren meterse de lleno temen que les cierren puertas en su asociación regional o en su federación. Sabemos quiénes son de derecha y de izquierda, es decir, quiénes apoyan el proceso de cambios que tanto bien le ha hecho al deporte y quiénes, por alguna razón, quieren que vuelva el pasado en el que a los deportistas nos iba tan mal. Sin embargo, nos respetamos muchísimo, somos buenos compañeros, eso me agrada del deporte y me encantaría que se extendiera a toda Venezuela.

—Los defensores del capitalismo suelen presentar casos como el suyo como prueba de que cualquier persona puede alcanzar el éxito si lucha individualmente. ¿Es así?

—Ellos piensan que basta con decir “¡tú puedes!”, pero no se preocupan por darte las herramientas. Eso pasó por muchos años. En mi caso hubo un trabajo de una familia que siempre apostó por ayudar y abrir espacios a los hijos. Me ayudó tener mucha personalidad. Veo con preocupación que la sociedad de hoy en día impone modas. Por ejemplo, a los niños y jóvenes en los colegios privados se les hace pensar que estar con la oposición les da un estatus. Ellos no vivieron ni han estudiado lo que pasaba antes de Chávez. No pueden entender que de este lado, del lado de los rojitos, ha habido un cambio verdadero, de conciencia: queremos que todos tengan oportunidades. Yo no quiero enriquecerme personalmente, yo ya soy rica en familia, en solidaridad, en experiencias.

EL COMBATE SE GANA VOTANDO

“La gente debe salir a votar el 7 de octubre, llueva, truene o relampaguee”, exclama Alejandra Benítez (Caracas, 1980), quien como campeona de esgrima sabe perfectamente que los combates se ganan el día que se llevan a cabo, no antes ni mucho menos después.

Nacida y criada en El Naranjal, Antímano, Benítez es odontóloga egresada de la Universidad Central de Venezuela e integrante de la Asamblea Nacional, pero no le gusta que le digan diputada.

A veces usa un monopatín para desplazarse por el centro de Caracas. “La gente dice que soy una loca, pero no me importa”. En cambio, sí reacciona cuando alguna señora encopetada le ha dicho: “¡Chavista de piiii!” (imita el pito censor de groserías en radio y TV). La esgrimista les da un toque al pecho preguntándoles: “¿Quiénes tienen un discurso agresivo si usted me recibe con un insulto?”.

Su primer voto fue por Chávez. “Todo el barrio estaba con él. Cuando el río suena, piedras trae… Y este río sonaba durísimo”. En 1999 lo conoció en persona. Formaba parte del equipo que se tituló Campeón Mundial Juvenil en Dijon, Francia, y estaba rodeada de glorias deportivas de todos los tiempos que recibirían condecoraciones y reconocimientos. “Me tocó pararme entre dos señores mayores y el Presidente preguntó quién era esa pollita. Ese encuentro me dejó marcada. Desde entonces he sido seguidora crítica, a veces dura, pero fiel y consistente defensora de este proceso que ha rescatado al deporte de la clandestinidad”.

Vía Correo del Orinoco.

 

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