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29.jun.2012 / 01:12 pm / Haga un comentario

Un día como hoy, 29 de junio (en 1919), murió el Dr. José Gregorio Hernández, a consecuencia del arrollamiento de uno de los dos únicos automóviles que habían en Caracas para ese entonces. El fallecimiento de quien para entonces era reconocido como un eminente profesional de la salud venezolana, fue un verdadero golpe para la Caracas de aquellos tiempos.

Al momento de su desaparición física, Hernández ya era conocido, no sólo como un científico de avanzada, sino también como el más caritativo y humanista médico con el que contaba la capital venezolana. Su labor de atención a los enfermos más necesitados y desposeídos hizo que el pueblo caraqueño, al enterarse de su muerte, gritara al unísono: “Ha muerto un santo”.

Ese espíritu generoso, y profundamente cristiano, ha sido el principal motivo por el cual alrededor de su leyenda se han tejido numerosas historias de milagros, que se le adjudican, a tal punto que la iglesia católica con la autorización de Juan Pablo II, le dio el título de “venerable” (uno de los primeros pasos protocolares para reconocer a alguien como santo).

Sin embargo, más allá de los asuntos teológico-religiosos (que fueron muy importantes para Hernández durante toda su vida), es bueno reconocer la preparación medico-científica del “Ciervo de Dios”, quien no sólo fue pionero en estudios microbiológicos en Venezuela, sino en toda América.

Si bien nació y vivió sus primeros años en el pueblo de Isnotú (estado Trujillo), de adolescente fue enviado a Caracas a estudiar, con miras que se convirtiera en médico, objetivo que no sólo cumplió, sino que marcó lo que, como ser humano, vino a ofrecer al mundo.

Egresó como médico de la Universidad Central de Venezuela en el año 1888, y poco tiempo después el Estado lo becó para que se fuera a estudiar a París (Francia), y se especializara en disciplinas de las que ni siquiera se había hablado en nuestro país, tales como microbiológía, histología, patología, bacteriología y fisiología experimental.

A su regreso a Venezuela, trajo consigo instrumentos y equipos médico-científicos nunca antes vistos en Venezuela, y en América, con lo cual se convirtió en un verdadero pionero continental. A él le debemos, por ejemplo, la introducción del microscopio en nuestro país.   Su avanzada preparación lo convirtió en un respetado académico, dando clases y fundando cátedras universitarias, todas relacionadas  a las disciplinas en las cuales era experto.

Como se puede observar, el legado del Dr. José Gregorio trasciende a lo religioso. Su huella dentro de la historia médica nacional es imborrable, y sus aportes científicos son incuantificables. Es por ello que hoy desde Candangueando quisimos rendirle un breve pero sincero homenaje.

 

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